Una sopa de cebolla casera, reconfortante y llena de sabor, terminada con pan tostado y queso fundido. Una receta sencilla y perfecta para disfrutar bien caliente en los días en los que apetece un plato de cuchara.
Ingredientes
- 4 cebollas grandes
- 1 litro de caldo de pollo o de carne
- 100 ml de vino blanco
- 1 cucharada de harina
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- 20 g de mantequilla
- 4–8 rebanadas de pan, según el tamaño
- 150 g de queso rallado para fundir
- Sal al gusto
- Pimienta negra al gusto
Preparación
- Pela las cebollas y córtalas en tiras finas.
- Calienta el aceite de oliva junto con la mantequilla en una cazuela. Añade la cebolla, una pizca de sal y cocina a fuego medio-bajo durante unos 25–30 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que esté muy tierna y ligeramente dorada.
- Añade la harina y remueve durante 1 minuto para cocinarla bien.
- Incorpora el vino blanco y cocina durante 2–3 minutos para que se evapore el alcohol.
- Vierte el caldo, añade pimienta negra al gusto y cocina a fuego suave durante unos 20 minutos. Prueba y rectifica de sal si es necesario.
- Tuesta las rebanadas de pan hasta que estén ligeramente doradas.
- Sirve la sopa bien caliente, coloca las rebanadas de pan tostado por encima y reparte el queso rallado sobre el pan.
- Gratina hasta que el queso esté completamente fundido y ligeramente dorado. Sirve inmediatamente.
Consejo Patrisazón
La clave está en cocinar la cebolla lentamente hasta que quede muy tierna y ligeramente caramelizada. No tengas prisa en este paso: es lo que le da a la sopa su sabor profundo y casero.
